La nueva producción española está entre las diez primeras más vistas de Netflix. Dos historias en paralelo, con un punto en común: la exposición de un encuentro sexual como forma de humillación pública y castigo a las mujeres.

Por Malena Bianca

La mayoría de las veces que se ha filtrado una fotografía o video sexual, el escarmiento público es hacia las mujeres. No solo las famosas son víctimas de la violación de la intimidad, todas concemos alguien que paso por una situación similar. Un acto íntimo que debería ser compartido entre las personas consensuadas, termina siendo utilizado como mecanismo de extorsión y humillación para las mujeres que decidieron formar parte.

“Ella se expuso cuando se sacó la foto” o “¿Para qué se graban si no quieren que las vean?” Estas son algunas de las frases comunes frente a estas circunstancias que la serie Intimidad pone en foco de discusión. Itziar Ituño, actriz española conocida por interpretar a Lisboa en La Casa de Papel, encarna a Malen, la vice alcaldesa de Bilbao, que aspira al alto cargo de la alcaldía. Mientras que, la otra protagonista es Ane, una trabajadora de fábrica que es interpretada por Veronica Echegui.

Las vidas de ambas están conectadas por una situación similar: un encuentro sexual es filtrado al público ¿Quién es el público? Puede ser toda la sociedad, un grupo de amigos, compañeros de trabajo o su propia familia. Es el espacio social donde se desenvuelve la cotidianidad de estas mujeres y en el que algo que pertenece a su privacidad se ve expuesto. 

El punto no debería estar en la acción de sacarse fotos eróticas o grabarse. Las personas adultas pueden disfrutar su sexualidad como les plazca, mientras sea consensuado entre las partes. La pregunta no es por qué se graban, la pregunta es ¿Por qué lo filtran? ¿Por qué humillan? ¿Por qué extorsionan? Las preguntas no deberían ser hacia las víctimas, sino a quienes rompen el acuerdo y cometen, lo que tendría ser considerado un delito: difundir imágenes o grabaciones del ámbito privado. En España, tuvo que ocurrir lo acontecido en la serie, para que se sancionara una ley sobre violaciones a la intimidad.

Otro punto que resulta interesante analizar de la serie es el goce y la burla frente a un video o fotografía sexual filtrado ¿Cuál es el morbo social de ver ese tipo de contenido y castigar a quien se ve en el mismo? ¿Acaso no casi todas las personas tienen relaciones sexuales? Existe algo más y no es una sorpresa que se trate de una cuestión de género. Cuando se filtró la foto de Luciano Castro, no había humillación y burla, sino cumplidos y hasta felicitaciones para su pareja del momento. Pero si se trata de una mujer gozando hay castigo y lapidación social. 

Lo interesante de la trama es que se destaca no solo la violación de la intimidad sino también aspectos de comunicación política. Se centra en las decisiones que toma Malen sobre si realizar la denuncia o no hacerla en base a la medición del impacto en la opinión pública. Lejos de sentirse contenida y apoyada,  es defenestrada y su mayor miedo es que está en juego su carrera y su futuro en la política. Lo cierto es que ella puede tomar dos caminos: intentar que el video tenga la menor repercusión posible o hacer de su caso una bandera para defender los derechos de todas las mujeres que pasaron por la misma situación.  

“Intimidad” es hoy una ficción necesaria, no solo porque es una historia de mujeres y está contada desde la mirada de las protagonistas. También porque abre el debate sobre cómo respondemos como sociedad frente a hechos de violación de la intimidad y porque es un comienzo para empezar a correr el foco de responsabilidad cuando suceden estos hechos. No se culpa a las víctimas.

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