La respuesta es que no lo sé, tengo buenos argumentos para pensar que sí, pero también tengo algunos para suponer que no. Sé que normalmente en las columnas de economía se suelen enunciar verdades sempiternas, pero quizás por mi carácter diletante o por simple pereza, no soy capaz de tirar postazos. Así que hagamos lo siguiente, veamos qué es lo que dice el borrador, tratemos de imaginar los escenarios posibles y que cada uno saque su propia conclusión.

Por Cesar Gramajo

Los números

El gobierno plantea un escenario en el cual el PBI crece a un ritmo de entre 3 y 4% entre 2022 y 2024, mientras que el déficit fiscal primario se reduce del 2,5 al 0,9%, llegando al equilibrio fiscal (déficit fiscal primario 0) en 2025. Esto está acompañado con una reducción a 0 de la financiación monetaria del déficit, es decir, del dinero que se emite para cubrir el rojo en las cuentas del Estado. Cuando un Estado gasta más de lo que recauda, tiene dos formas de cubrir ese gasto, o bien se endeuda o bien imprime moneda (la famosa maquinita de la que hablan los liberfachos) Lo cual no es ni bueno ni malo de por si, todo depende del contexto. A favor del gobierno he de decir que reducir la emisión en contextos de alta inflación es una de las herramientas de más extendido uso, aunque la experiencia nos indica que la inflación en Argentina es un tema bastante más complejo.

Pero por ahora prestemos atención a la reducción del déficit fiscal primario y al crecimiento del PBI, normalmente la reducción del déficit está asociada a la idea de ajuste. Un estado reduce la diferencia entre lo que gasta y lo que recauda gastando menos. El problema de esa idea es que menos gasto estatal en países en crisis implica menos fomento de la actividad económica, por lo tanto, menos recaudación, la desgracia circular irreversible, recorto mis gastos y en consecuencia recaudo menos, así que vuelvo a recortar mis gastos y así ad infinitum. Por eso es que me parece atinado mirar la reducción del déficit atada al crecimiento del PBI, Martin Guzman cree que es posible atacar el déficit por el lado de la recaudación. Algo que se ve reflejado en el borrador bajo el eufemismo económico de que «el crecimiento del gasto real siga siendo positivo en términos reales» es decir, que el estado haga crecer su gasto más de lo que crece la inflación. Para lograr esto, en vez de gastar menos, hay que recaudar más. Si la economía crece, si se crean puestos de trabajo, si aquellos que ya tienen trabajo tienen mejores salarios, se recauda más, porque hay más consumo (impuestos indirectos) y porque los ingresos son mayores (impuestos directos), el problema es que con eso solo no alcanza.

Tax the rich

De las cosas que más me agradan del borrador es la idea de fortalecer la progresividad del sistema impositivo argentino. Lo cual es el eufemismo económico para decir, cobrarle más a los que más tienen. En el borrador Argentina se compromete a adecuar el valor fiscal de las propiedades, es decir, lo que AFIP considera que valen las propiedades que los contribuyentes tienen, a la hora de calcular cuánto deben pagar de impuestos al patrimonio. Actualmente el valor que la AFIP computa por las propiedades (es decir el valor fiscal) está terriblemente atrasado respecto al valor de mercado, lo cual implica que personas que pueden y deben pagar más impuestos, están hoy en día subcategorizados. Uno de los grandes problemas impositivos de Argentina es que los ricos (más allá de lo que te digan en La Nación+) pagan muy poco, esta es una medida que tiende a corregir eso, aunque quizás sea insuficiente.

El que quiera guardar un secreto que aprenda a mentir

«…si los ingresos reales del sector público nacional (netos y de coparticipación) fuesen superiores a los programados, nos comprometemos a hacer uso de esa oportunidad para virtuosamente reducir el déficit fiscal de forma acorde»

Hasta aquí se me puede acusar (y con razón) de Guzmanista, como dije al comenzar, tengo algunas razones para pensar que esto no es un acuerdo de ajuste y la mayoría de ellas ya las expuse, así que ahora toca lo contrario.

En la frase que está citada Argentina renuncia a la posibilidad de usar (en caso de que la recuperación económica sea mejor a la esperada) los recursos excedentes para incentivar la actividad económica, si nos va mejor de lo que esperamos, no vamos a usar ese excedente para mejorar la calidad de vida de los argentinos, lo vamos a usar para reducir el déficit, no pretendo enmendarle la plana a un profesor de Columbia, pero esto me parece un error.

También me parece un error el comprometerse a evitar amnistías fiscales, por más que pueda entender la racionalidad detrás de ese compromiso, sin una diferenciación entre sistematicidad y necesidad, una medida así es un despropósito. Tratare de explicarme, hay muchas empresas cuyo modelo de negocios consiste en parte en no pagar impuestos, esperar a que AFIP los llame y negociar, en ese lapso aparece una amnistía fiscal, se enganchan en la misma (la amnistía), y colorin colorado, menos impuestos has pagado. De la misma manera hay un montón de pequeños autónomos y monotributistas que realmente no pueden cubrir el costo de los impuestos y bicicletean deudas con AFIP lidiando con ese círculo del infierno llamado «mis facilidades» (me lo conto un amigo) si aplicas una medida que no distinga a SANCOR de Ramiro el mecánico de acá al lado, vas a joder a un montón de gente. Y hablando de joder a un montón de gente, el borrador también se compromete a estudiar la «modificación de regímenes jubilatorios especiales y mecanismos que favorezcan la prolongacion voluntaria de la vida laboral» No sé ustedes, pero yo jamás tuve un laburo en el cual hiciera algo de forma voluntaria. Esto es modificar la edad de retiro de hecho. Y si bien es cierto que la esperanza de vida se ha incrementado y es necesario que discutamos como sociedad que es lo que pensamos hacer, ya que esto repercute en la sustentabilidad de nuestro sistema previsional, estaría bueno que se diera el debate, en lugar de imponer una medida sobre un colchón de finas hierbas.

En el borrador también se habla de “garantizar que las tarifas de energía reflejen mejor los costos, a la vez que protejan a los usuarios de menores ingresos a través de las tarifas sociales y las transferencias de asistencia social” los subsidios a la energía son una parte importante del gasto estatal, implican casi 1 de cada 10 pesos que el Estado gasta, segmentar los subsidios es una buena medida, pero tal como está planteada hoy en día, es más un imperativo moral que una medida efectiva, en el mejor de los casos el nuevo plan de segmentación va a permitir una reducción del 0.1% del gasto. Para que realmente sea efectiva, una reducción de subsidios debería incluir a una mayor cantidad de usuarios, lo cual sería lisa y llanamente un tarifazo. Algo que no está descartado en el acuerdo, ya que en ningún lugar especifica qué se entiende por “usuarios de menores ingresos”

¿Entonces en qué quedamos?

Si la economía argentina crece a un ritmo sostenido de entre 3.5 y 4.5% durante los próximos cuatro años (algo bastante difícil de lograr, pero aun así posible) creo que es posible implementar este acuerdo sin necesidad de hacer recortes drásticos al gasto, es decir, sin ajuste. Esa es la apuesta del gobierno, que la recuperación económica sea la que garantice nuestra capacidad de pago. El problema es que pasa si no crecemos a ese ritmo, si efectivamente no logramos un nivel de actividad económica que permita afrontar los compromisos de este acuerdo sin hacer esos recortes del gasto.

El acuerdo no implica un ajuste en lo inmediato, pero sienta las bases necesarias para llevarlo a cabo a mediano plazo, solo se precisa una cosa, que las cosas nos salgan un poco peor de lo que el gobierno espera.

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