Una biopic que tiene como protagonista a Cristina Ortiz, una mujer trans reconocida por su elocuencia y su desenvoltura en la televisión española.

Por Malena Bianca

La última producción de los directores y guionistas Javier Calvo y Javier Ambrossi (creadores de Paquita Salas) está basada en el libro “¡Digo! Ni puta, ni santa. Las memorias de la Veneno” escrito por Valeria Vegas. La trama sigue la vida de Cristina “Veneno” Ortiz, una mujer trans a quien hicieron famosa al filmarla en el Parque del Oeste. Este parque madrileño era donde muchas mujeres trans se prostituían, pero como deja entrever la serie, también era un espacio para estar juntas y brindarse apoyo. Veneno es interpretada por tres actrices: Jadet, en su juventud, Daniela Santiago, en su momento de mayor reconocimiento e Isabel Torres, en la adultez. Otro personaje que resulta desopilante y que logró cautivar a les espectadores es Paca “la Piraña”, quien fuera mejor amiga de Cristina y que actúa de sí misma. A diferencia de otras producciones cinematográficas, en las que se relata la historia de una persona trans pero el papel lo interpreta una persona cisgenero, aquí el reparto está compuesto por mujeres travestis y trans. Lo cual es un acto de justicia tanto a nivel social como ficcional para con la comunidad LGBTIQ+.

Hay algo que sucede con las grandes figuras que dejan huella: no son perfectas, todo lo contrario, son reales y eso las vuelve cercanas a quienes siguen su trayecto. Cristina, como cualquier ser humane, comete errores y aciertos. Una mujer con una personalidad fuerte y con una presencia que atraía y encandilaba. Pero también una persona que de a ratos se sentía muy sola y que podía ser autodestructiva. Sartre supo decir “somos lo que hacemos, con lo que hicieron de nosotros”, un poco de eso hay en las memorias de Veneno. Nacida en una familia que negaba su identidad, se abre paso por la vida buscando el afecto que no tuvo en el hogar. Ella misma se encuentra tironeada entre la realidad y la ilusión de la fama: ¿Qué es lo real estar en la televisión o estar en el Parque del Oeste con sus compañeras? Puede ser que sean ambas. Ella fue una persona real, a la vez que se convirtió en un icono y se tornó inalcanzable.

A Veneno la conocemos en profundidad, a través de la mirada de Valeria (autora del libro interpretada por Lola Rodríguez), una fan que siguió su carrera desde pequeña.  Es ella quien va a recuperar, a lo largo de los ocho capítulos, las memorias de su ídolo. La relación que establecen las va a cambiar a las dos. Para Cristina, en ese momento de su vida, va a ser una forma de recuperar la alegría, mientras que para Valeria esa amistad le abrirá las puertas a conocerse a sí misma y encontrar su lugar de pertenencia. “Ellas corrieron, para que nosotras pudiéramos caminar” esa frase resume la diferencia entre la realidad de la Veneno y la de Valeria. La primera tuvo una infancia marcada por la violencia de un pueblo y su familia, por lo que no pudo vivir en libertad su identidad y sexualidad hasta que se fue de su casa. En cambio, Valeria se vio rodeada de afecto y acompañamiento desde el primer momento. Pero sobre todo, esa frase es un reconocimiento a la lucha que debieron atravesar aquellas travestis y trans, para que las nuevas generaciones tuvieran otras posibilidades. La brecha generacional entre ambas da cuenta de los cambios culturales y sociales que fueron aconteciendo.

Si bien la trama transcurre en España, los sentimientos y circunstancias que atraviesan tanto Cristina como Valeria pueden ocurrirles a otras mujeres travestis y trans en otras partes del mundo. Según un trabajo realizado por el Ministerio Público de la Defensa en Argentina*, de un total de 169 mujeres travestis y trans encuestadas, el 92% dijo que se percibió con una identidad de género distinta a la asignada al nacer antes de los 13 años, pero no pudieron expresarlo libremente entre los 14 y los 18 años. De esto también habla la serie, sobre todo cuando relata la infancia de Cristina. La inocencia y la espontaneidad de jugar con la ropa de su madre o desear usar una pollera, tuvieron como consecuencia el maltrato familiar y la marginalidad social. Debiendo negar su identidad para poder preservar su integridad, deseando en un futuro poder ser libre como “un pavo real”.

“¿Verdad que es bonita mi historia?” pregunta más de una vez Cristina. Si, que lo es. Nos duele, nos alegra, nos interpela y nos hace cuestionar el mundo en el que vivimos. Conocer su vida tan singular y a la vez tan similar a lo que otras han vivido. Nadie debería permanecer indiferente luego de escuchar las memorias de la Veneno.

*Revolución de las mariposas, a diez años de la gesta del nombre propio. Publicación del Ministerio Público de Defensa de la Ciudad de Buenos Aires, año 2017.

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