Pasaron varias semanas desde su lanzamiento y la plataforma anunció, el pasado miércoles, que es la serie más vista de toda su historia. Ya anunciaron la segunda temporada.

Por Malena Bianca

Hace un mes se estrenó Bridgerton, la nueva producción de Shonda Rimes (Grey’s Anatomy, Scandal) para la plataforma y superó todas las expectativas. Lo que aparentaba ser un drama romántico más, supo introducir planteos actuales sobre el rol de las mujeres en un momento histórico en el que no parecía concebible. La serie se sitúa en la Inglaterra de principios del siglo XVIII y sigue la vida de la familia Bridgerton, quienes viven en Gordons Square, el barrio por excelencia de la alta sociedad inglesa. Un cambio en la construcción narrativa de la época fue incluir dentro de la nobleza y la clase pudiente a personas negras. La diversidad cultural se integra de una manera muy habilidosa en la trama, donde los mismos protagonistas explican porque han logrado el ascenso social. Tal vez, no tenga veracidad histórica, pero sí una crítica y una apuesta a imaginar otros escenarios posibles.

Aunque la historia tiene reminiscencias a las creaciones de Jean Austen, hay una diferencia que la hace innovadora: acá no se discute inocentemente el matrimonio y lo más destacable es que las pibas se hacen preguntas sobre su futura vida sexual. Daphne Bridgerton (Phoebe Dynevor) tiene en claro que su bienestar y el de sus hermanas depende de que ella logre casarse con alguien respetable y adinerado. Ni siquiera se permite dudar de esa realidad porque es un hecho, lo que puede hacer es tratar de garantizarse las mejores condiciones, y entre ellas, si es posible incluirá el amor. Esto no significa que en Bridgerton no haya rebeldía, la segunda hija llamada Eloise es quien se atreve a hacer preguntas y cuestionar lo establecido, dándole esa necesaria confrontación.

Mientras que la realidad para los hombres es muy diferente. El protagonista masculino, el Duque Simon de Hastings (Regé-Jean Page) lleva una vida tildada de “libertinaje”, pero no por eso deja de ser considerado un buen candidato para casarse. Lo mismo sucede con Anthony (Jonathan Bailey), el hermano mayor y cabeza de familia, si bien tiene responsabilidades que tensionan sus deseos personales, no rehúsa de los mismos. La doble vara en cuanto al placer y las obligaciones para con hombres y mujeres se verá a lo largo de todos los capítulos y ese es uno de los puntos fuertes de esta narración.

Uno de los temas principales en los que gira la serie es la sexualidad y el sexo. Es claro que mujeres y hombres tienen un acceso diferente a la información. Las primeras no saben absolutamente nada de educación sexual, sus madres no hablan con ellas y el tema da vergüenza cuando se lo intenta nombrar. Una mujer que sabe de sexo, no es una “lady” como demuestran en una escena. La búsqueda de la protagonista por comprender lleva a momentos de una tierna ingenuidad, como así también espacios de intimidad y confianza, con ella misma y con otras personas. 

La parte “romántica” de la historia sigue a la pareja de Daphne y Simon. Sin embargo, se explora la vida de ambos de forma particular, ya sean sus deseos, miedos y penas. Al profundizar en su individualidad hace que tengan más que ofrecer al relato que el simple hecho de ser una pareja. A lo largo de los ocho capítulos, se muestra como va evolucionando su relación, pasando por diversas situaciones de crisis que les llevan a conocerse mejor y crecer como personas, tanto separados como juntos. 

Si puede encontrarse un desacierto en Bridgerton es cómo trabajaron el tema del consentimiento y la ma/paternidad en el matrimonio protagonista. Cuando se presenta el mayor conflicto entre ambos, se coloca el foco de atención en las mentiras y la falta de comunicación, lo cual es una parte de la cuestión. Pero resulta problemático, que tras un encuentro sexual de dudoso consentimiento, no se lo aborde explícitamente. El duque no quería tener descendencia, “probarlo” y forzarlo a seguir teniendo sexo cuando dijo que no, es violento. Era necesario que se reflexionara más sobre esa situación y no que la continuación se enfocara únicamente en la posibilidad de embarazo o no de Daphne.

¿Por qué la recomendamos? Porque tiene todos los condimentos de un drama histórico y romántico que no deja de ser atrapante. Aunque les protagonistas son enigmáticos y captan toda la atención, el elenco en su totalidad hace su parte para recrear este universo donde los chismes y las apariencias están entre lo más importante de la rutina. Sin embargo, lo más destacable son los temas que se discuten en la serie. Aunque la trama está situada hace dos siglos atrás no deja de tratar discusiones contemporáneas que continúan siendo tabú. Hoy en día seguimos exigiendo educación sexual, una deuda social y aparentemente universal que no termina de saldarse. El mensaje podría ser: solo con información, se puede decidir. 

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