#SemanaDeLaLactanciaMaterna

Antonela Ferrer es doula y puericultora. Creció en Necochea y hace 16 años vive junto a su compañero Maximiliano en José Mármol, Almirante Brown, en la zona sur del Gran Buenos Aires. Juntos, formaron una familia de seis integrantes. Ellos titularon a su historia con las distintas lactancias como “Nuestra década ganada”. En su narración continua y ordenada, Antonela separa y describe por capítulos su relación con la maternidad y sus inicios profesionales. En cada apartado, reconoce un relato inédito, algo nuevo que contar, otro pretexto para concientizar.

Por Celeste Gomez

Capítulo I: Celina

Todo comenzó hace exactamente diez años y nueve meses, el día que nació Celi, nuestra primera hija. Hasta ese mismo momento contábamos sólo con una mamadera. Mi historia y la de Maxi frente a la lactancia parecía ser una cuestión de suerte.
Inmersa en los efectos de la anestesia, con el shock de pensar que una persona salió de mi cuerpo y sin entender lo que pasaba, alguien me coloco a Celi en mi pecho. Había mucha gente en la habitación. Ella lloraba y yo también. Minutos antes me parecía imposible que alguien me viera en tetas, me tocara, me humillara, me retara.
Yo tenía libre una sola mano, en la otra tenía el suero. Me daba impresión, así que no la movia ni loca. “¡No hables!, ¡no llores!, ¡no te muevas!”. Estaba ahí y deseaba que Celi no despierte. Cuando eso ocurría todo comenzaba de nuevo: los retos, el maltrato, el estrés, la impotencia…Cada vez que Maxi entraba a la habitación, lo mandaban a la farmacia por casquillos, aireadores, recolectores, pezoneras, protectores mamarios, sacaleches de distintas formas, tamaños y colores. Todo el trabajo parecía en vano.
No recuerdo bien qué es lo que pasaba: si no lograba prenderse, si me rechazaba, si yo no ayudaba en el acople, si era la postura, mis nervios o no sé, sólo pensaba “Cuando lleguemos a casa esto va a funcionar”. A los tres días -y bajo la promesa de que me iba a poner las pilas en casa y que íbamos a llevarla día por medio a pesarla-, nos dieron el alta. Claro, recibimos la primera indicación obsoleta y errada: teta cada tres horas, quince minutos de cada lado.

La bebé lloraba muchísimo. Nosotros no dormíamos. Hacíamos guardias paseándola en brazos toda la noche. Todo empezaba a las siete de la tarde y terminaba a las siete de la mañana. Todo fue igual hasta que, filtrada del cansancio, decidí replicar lo que hacíamos cuando estábamos a solas, cuando nadie me podía juzgar, ni siquiera yo: le daba teta cada vez que se movía, dormíamos juntxs en la misma cama. Tenía culpa por estar desobedeciendo al médico. Cuando íbamos a los controles sólo recibía llamados de atención y nuevas indicaciones. Me dijeron que la bebé estaba gorda y que debíamos darle “teta light”. El médico siempre hacía el mismo comentario y yo ya no podía mirarlo a los ojos.
En ese momento, algo nos hizo clic. Era hora de que nosotrxs, que conocíamos más que nadie a nuestra hija, nos hiciéramos cargo.

Capítulo ll: Ulises

Empecé a estudiar puericultura mientras estaba gestando a Uli. La formación me ayudó a presentarme días antes de la cesárea programada -innecesariamente- en Neonatología para solicitar todas las cosas que necesitábamos que nos respeten. Y así fue. Ulises tuvo una hermosa bienvenida a pesar de ser cesárea contra mi voluntad. A los 45 días de vida volví al trabajo, estábamos separados más de doce horas. Esta historia va de jornada completa en jardín maternal, abuelas, sacaleches, traslados de la leche, conservación de la leche, calentamiento de la leche, administración de la leche, luchas con las maestras maternales y un largo etcétera. Pese a todo, logramos una lactancia exclusiva.

Me presenté como voluntaria en un hospital local. Sola. La maternidad era una sala común. Yo iba cama por cama ayudando con las lactancias, con las primeras prendidas. Brindaba información. Era el nexo con la familia que no dejaban entrar a la sala por ser común. Poco a poco las mujeres que estaban a punto de parir también me pedían ayuda ante el desamparo. Yo no tenía ni idea. Sí, tenía dos hijes, pero ni una contracción, ni un parto en mi haber. Era sincera con ellas en ese sentido y me limitaba a lo que, humanamente, estaba a mi alcance: un masaje, un mensaje a algún familiar de la sala de espera, alcanzaba bolsos, papeles, agua, les anotaba las contracciones en un papel para que se lo entreguen a las parteras. Hasta que un día, una mujer me agarró muy fuerte de la mano y no me soltó hasta después de parir. Ese fue mi primer parto. Esa mujer acababa de parir a su hijo y también me estaba pariendo a mí como doula. Me voló la cabeza. Fue increíble. Llegué a mi casa y totalmente extasiada, me anoté en la primera formación de doulas que vi disponible.

Capítulo IIl: Matilda

Nos informamos y ganamos experiencia, así que con el transcurso de las gestaciones y crianza evolucionamos gratamente.

Habíamos logrado una revolución con la lactancia de nuestra primera hija Celina y luego con la de Ulises. Entonces… ¿por qué no hacer lo mismo con el nacimiento? ¡Y sí! Matilda nació en casa y su historia con la lactancia es compartir la teta con Ulises.
Sí, señoras y señores, parí en mi casa después de atravesar dos cesáreas y una lactancia en tándem. Fue una hermosa y agotadora experiencia.

Capítulo IV: Inti

Inti es un integrante de la familia que no pudimos traer a este plano, pero que nombro en esta historia porque, a pesar de que Ulises y Matilda compartieron la teta durante años, algunas lenguas no se privaron de comentar que el aborto ocurrió por la lactancia. Sí, es claro: de alguna u otra manera, la culpa iba a ser mía.

Capítulo V: Esmeralda

Nuestra hija menor, Esmeralda, tiene dos años. El segundo fue cumplido durante la cuarentena. Ella también nació en mi casa y la historia de su lactancia es que nació con el frenillo súper corto. Eso se solucionó con posturas acordes y paciencia. Listo. Nos evitamos la intervención quirúrgica.

Llevo diez años y nueve meses amamantando y seguiré contando hasta que la pequeña Esmeralda tenga su destete fisiológico.

***

Doulas y Puericultoras

Durante los últimos años se habló mucho de las doulas. Sobre su labor, la especialista explicó que “Hay doulas para las menarquías (primer menstruación), menstruación, concepción, trabajo de parto, parto, abortos, lactancias, puerperios y plenipausias (menopausia)”. Las doulas son personas que se ponen al servicio de las personas gestantes y familias que requieran de sus servicios. En general, se dedican a los nacimientos y todo lo que conllevan. “En ese caso, velamos para que los deseos de las mujeres gestantes se cumplan, brindamos nuestros conocimientos, sostén amoroso e informamos sobre todos los procesos, utilizamos la información como herramienta para que las familias tomen sus propias decisiones”.
Las puericultoras, en cambio, se dedican a todo lo referente a la lactancia y crianza.

El trabajo con doulas y puericultoras siempre es opcional y se lleva adelante por decisión de la persona que está llevando adelante una gestación. “Como doulas las mujeres nos contactan. Puede ser porque la pasó mal en un nacimiento previo, porque atravesaron alguna cesárea y ahora ellas decidieron parir pero los médicos les dicen que están locas, entre otras cosas. Como puericultora: porque las tetas sangran; les niñes lloran; para recibir información antes del parto; por relactación; por adopción; para inhibir la lactancia porque el bebé falleció; para poder donar leche…”

Antonela también menciona que las personas que transitan un embarazo con una doula recuerdan el proceso con satisfacción y sus trabajos de parto son más cortos. Asimismo, explica que diversos estudios demuestran que esta labor reduce la tasa de cesáreas.

El proceso de acompañamiento durante la pandemia

El contexto de pandemia por el virus de COVID-19 impidió el contacto directo, el vínculo estrecho y cercano. En ese marco, el proceso de acompañamiento y formación que brindan las doulas y puericultoras se ve afectado y dificultoso, pero Antonela aseguró que, pese a no tener contacto, “las familias lo agradecen”.

Con el aislamiento no sólo se ve afectado el trabajo de las especialistas, sino también la autonomía de las mujeres y las personas gestantes en momentos de parto. “No solo cargan con los miedos lógicos en torno al nacimiento, sino también con la angustia de tener que entrar a un establecimiento en el cual se sabe que han transitado pacientes con coronavirus. En algunas instituciones, ni siquiera se están permitiendo acompañantes en el momento del trabajo de parto y el parto, lo cual es un derecho de la ley N°25.929. Las mujeres están pariendo solas”. En este contexto, las personas que luchan por el derecho a parir como quieran, donde quieran y con quien quieran, piensan diariamente en los cambios de paradigma que vendrán post-confinamiento e intentan caracterizar, conceptualizar y materializar la Ley de Derechos en el Nacimiento.

Semana Mundial de la Lactancia Materna

Antonela afirma que esta semana “Hace mucho ruido”, pesa, enseña. “A nivel personal me sirve para festejar todas mis batallas amamantando a mis hijes. Es una semana en la que puedo hacer visible este estilo de vida que elegí para criarlxs y que adopté como profesión, pero no puedo dejar de pensar que para muchas madres esta semana duele y revuelve muchas heridas actuales o de sus propias lactancias. Me pongo en el lugar de la que no lo logró por falta de apoyo o información y me duele, por ellas y por sus crías”

En general, cuando hablamos de lactancia, hablamos de las personas que deciden amamantar. Poco se visibilizan las decisiones contrarias. No todas las mujeres ni cuerpos gestantes desean hacerlo.

“Las que decidieron no amamantar, es la decisión que tomaron y eso también está bien. Una mamadera dada con amor alimenta más que una teta a desgano. Ser amamantado es un derecho de les niñes, pero las que ponen cuerpo, alma y espíritu en cada toma son las madres y si deciden realizarlo, lo hacen en una sociedad que poco apoya y sostiene.

Amamantar en tiempos de coronavirus

El pasado 20 de julio, el Ministerio de Salud de la Nación elaboró un documento llamado “Recomendaciones para la Atención de Embarazadas y recién nacidos en contexto de Covid-19”, en el cual se aclara que “El modo de parto no tiene influencia sobre el riesgo vinculado a COVID-19 para la madre o el recién nacido. (…) La evidencia actual no muestra ningún beneficio de la cesárea en embarazadas infectadas por COVID-19. Es importante evitar cesáreas injustificadas a fin de prevenir el nacimiento pretérmino y otras morbilidades en el recién nacido”.
Respecto a la lactancia, el Ministerio de Salud recomienda amamantar, ya que “Los beneficios superan los riesgos potenciales de transmisión a través de la leche materna; no hay evidencia a la fecha de presencia del SARS-CoV-2 en la lecha materna”. Asimismo, el registro expone una serie de cuidados extremos y cautelosos dentro de las instituciones de salud, pero asegura que “Si la madre está en condiciones clínicas y desea amamantar, deberá ser orientada en las medidas a tomar con el fin de disminuir los riesgos de transmisión del COVID-19 a través del contacto con el recién nacido”, garantizando así, el derecho a decidir sobre sus lactancias.

La información como herramienta de empoderamiento

“A todas las mujeres que están gestando en estas circunstancias que nos toca atravesar les deseo tiempo para informarse e informar a quien las acompañe en el proceso de nacimiento y post-nacimiento. Utilicen esta información como herramienta de empoderamiento, así podrán garantizarle una bienvenida a sus hijes. Mucha oxitocina.”

Antonela Ferrer, Doula y Puericultora

Celeste Gomez, periodista

Contacto: celestegomezperiodista@gmail.com

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