La Ley de Teletrabajo regulará una modalidad laboral que se desarrolló y expandió a raíz de la cuarentena por el coronavirus. Esta nueva norma entrará en vigencia 90 días después de que termine el Aislamiento Social, Preventivo y Obligatorio (APSO). La Ley garantiza igualdad de derechos salariales, sindicales y colectivos, así como también, permite la desconexión digital. Para saber más sobre ello entrevistamos a Alejandro Abraham – Pte. de UNI Américas Juventud y delegado de la Federación de Asociaciones de Trabajadores de la Sanidad Argentina (FATSA)

Por Celeste Gómez

—Es imposible desligar esta charla del contexto actual de confinamiento por la pandemia de COVID-19. En ese sentido -y entendiendo que es algo muy reciente- me gustaría preguntarte sobre la ley de Teletrabajo, aprobada el jueves 30 de julio con 40 votos a favor y 30 en contra. ¿Cuál es la postura de lxs jóvenes sindicalistas respecto de esta nueva normativa?

—En la parte escrita de esta ley participó una compañera que es economista y que es asesora de FAECYS también asesora al compañero Rubén Cortina que es nuestro presidente a nivel mundial. Es una persona que tiene un contexto, justamente, por asesorar a Rubén Cortina y también por su desarrollo profesional en lo personal sabe mucho del contexto global y entiende mucho los derechos que nosotros venimos reclamando hace mucho tiempo. Creo que esta ley contiene todo lo suficiente para las discusiones paritarias. Uno cree que las discusiones paritarias solamente tienen que ver en el contexto y buscar una paridad entre el salario y la inflación. Eso es lo que se conoce públicamente, pero la realidad es que también FATSA mismo ha logrado encuadrar a compañeros kinesiólogos en nuestro convenio 108/75 a través de discusiones paritarias.
Cuando uno abre una paritaria, lo que hace es abrir los aspectos del convenio colectivo de trabajo para buscar modernizarlos a los contextos y a la nuevas profesiones que se van teniendo en cuenta. FATSA es un sindicato muy inteligente en ese aspecto. Siempre ha sabido ir cambiando de a poco. No lo suficiente como para ir cambiando el convenio colectivo de trabajo y discutir lo que los empresarios quieren que se discuta, pero sí lo suficiente para cambiar algunas cuestiones en los encuadramientos de las categorías, en las cuestiones que algunos compañeros vienen reclamando, por ejemplo. Nosotros escuchamos mucho eso, lo trasladamos a la secretaría gremial y la secretaría gremial se encarga de coordinarlo con la secretaría general. Esto llega a FATSA y FATSA en el medio de la discusión general puede ir aggiornando el convenio colectivo de trabajo a través de discusiones paritarias. Entonces, es mentira cuando se dice públicamente que nuestros convenios colectivos de trabajo están totalmente obsoletos porque se discutieron en el año ‘89 o anteriormente.
La realidad es que discusiones paritarias tocan aspectos y artículos de los convenios colectivos de trabajo y que, si uno es bastante hábil en el manejo de la negociación, puede llegar a mejorar. Entonces, en ese contexto de discusión paritaria, lo que hace la Ley de Teletrabajo es poner condiciones mínimas, es decir, el piso sobre el cual uno, a través de su organización tiene que discutir mayores derechos. Entonces, dentro del Frente de Todos tenemos compañeros que vienen del ala del comunismo, compañeros del ala de la izquierda, los que vienen del ala más conservadora, compañeros que vienen del Frente Renovador y tienen una política un tanto distinta de lo que es el seno de la pata fuerte que puso Cristina Kirchner con La Cámpora y con sus militantes que constituyen las voces fuertes del Frente de Todos, pero esto hay que tomarlo como lo que es: el piso. Es un contrapiso al cual uno debe mejorar en la discusión paritaria. Pone sobre la mesa cosas que antes ya existían y que no se estaban discutiendo. Muchos de ellos decían “No puede ser que se está discutiendo una ley de Teletrabajo en un gobierno peronista” y, o sea, ¿leyeron el proyecto de ley? Seguro que no, porque si lo hubieran leído sabrían que en el proyecto de ley se marcan cosas muy esenciales como que los elementos de trabajo te los debe pagar el empleador, que no vayan por tu cuenta. Este tipo de cosas no se estaban discutiendo y estaban pasando.
Nosotros en UNI estuvimos mucho tiempo discutiendo el futuro del trabajo y ya sabíamos que esto iba a venir. Esto ya estaba pasando. Lo que está pasando es que no tomó las dimensiones suficientes para que uno pueda decir “Tenemos que discutirlo ahora”, pero, en algún punto, tenemos que prepararnos para discutirlo. Entonces yo creo que todos los sindicatos afiliados a UNI ya tenían la perspectiva que era lo que se tenía que debatir.
UNI es un sindicato global de servicios. Tenemos a los compañeros del correo, a los compañeros de la bancaria, a los compañeros de comercio, de SANIDAD, de SATSAID con los cuales me solidarizo a partir de lo que están pasando con POLKA y tenemos una parte muy importante que es Héctor Daer que es nuestro presidente de Américas y uno de los secretarios generales de la CGT. Él, aparte de llevarse muy bien con Alberto, tiene la potestad y la responsabilidad de poner ciertas cuestiones sobre la mesa.
En este contexto de pandemia, el teletrabajo se disparó. Entonces ya no era una cuestión de pensar en que debíamos esperar a que la envergadura del sistema nos permita discutir algo que ya está pasando pero que eran pequeñas esferas. De repente se potenció y muchas empresas piensan en quedarse con esta modalidad aunque se termine la pandemia y es necesario poner algunos derechos básicos para poder decir que, a partir de acá, podemos discutir. Esto que está en la ley es indiscutible. Eso es tener un piso. Esto es lo que hace cualquier convenio colectivo de trabajo, de lo contrario no existirían los acuerdos empresas-sindicatos. Estos acuerdos existen no porque el convenio colectivo de trabajo sea insuficiente, es porque el convenio colectivo de trabajo tiene aspectos y artículos que son indiscutibles, irrenunciables e inclaudicables. Buscamos la expansión de derechos.

—¿Están dadas las condiciones para continuar con esta modalidad?

—Esta es una visión meramente personal pero creo que muchos compañeros y compañeras lo pueden llegar a compartir dentro del espectro de UNI y tiene que ver con un par de discusiones que se están dando a través de la pandemia. Si uno se pone a pensar, antes de las regulaciones al turismo que están habiendo ahora en Europa -por lo cual pudo el ex presidente Mauricio Macri irse a Francia y sospechosamente en el medio de una causa que le implicaba entregarle su celular a la justicia-, ¿qué pasa con el outsourcing, con esto de la deslocalización de las empresas? Si una empresa deslocaliza, qué requerimientos se tiene que tener para que esos productos relocalizados vayan a los lugares que estaban acostumbrados a ir.
Interesantemente, hace poco nosotros hicimos una reunión con Jorge Masena Carmona de Comisiones Obreras, un compañero muy jóven con el que nos parecía muy importante hablar para ver qué era lo que estaba pasando. No solamente por la cuestión de los jóvenes, porque es verdad: los jóvenes, en nuestra mayoría, tenemos problemas laborales, pero también buscamos meter varios temas en la agenda: el outsourcing, que es lo que está pasando, por ejemplo, en Francia, donde hay muchas empresas deslocalizadas bajo una ley que plantea que si una empresa quiere deslocalizarse, igual debe pagar impuestos locales dependiendo de la cantidad de puestos de trabajo que otorgue en otros lugares del mundo.
Francia estaba preparada para eso, pero ¿qué es lo que se vio en esa reunión con Europa? En Europa se vio, por un lado, que el outsourcing estaba afectando tanto a la economía europea que estaba generando un hueco enorme en el sistema previsional. Por otro lado, se vio que cada uno hacía lo que quería, excepto emitir moneda. Los españoles, en primer lugar, decían “No tenemos derechos para emitir moneda porque tenemos que hablarlo con la Unión Europea”, pero, por otro lado, nuestras regulaciones en el marco del outsourcing y en el marco de las políticas de trabajo, cada país de la Unión Europea, hace lo que quiere. Entonces, este compañero vio y nosotros también vimos que Europa tomó la decisión de invertir cierta cantidad de dinero para levantar la economía por la pandemia. Votaron eso en un congreso hace muy poco. Todos esos marcos regulatorios, en vistas de que el outsourcing estaba dejando muchos puestos libres en la economía más el golpe fuerte que dio el COVID-19 en toda la región, propusieron generar mayores puestos de trabajo, pero ¿en qué condiciones?
El otro día estaba leyendo a varias personas que decían que Estados Unidos creó 8 millones de puestos de trabajo en este último tiempo a pesar de la pandemia y a pesar de los puestos de trabajo que se perdieron. Todos esos puestos de trabajo son todos precarios. No hay Ley de Teletrabajo en Estados Unidos.

—¿Y qué impacto tiene la Ley de Teletrabajo en Argentina?

—Argentina es un país muy particular. Es un país que tiene muchas características negativas parecidas a Europa y muchas características positivas de América Latina, pero también todas las negativas. En ese sentido, acumula las cosas negativas de ambas culturas a partir de esta eurovisión que se tuvo siempre en Argentina desde el 1800. Por eso, lo que ocurre en Europa es que la creación de puestos de trabajo a partir del teletrabajo se ha potenciado y la Unión Europea ha decidido no poner marcos regulatorios porque, como dijimos anteriormente, excepto para la emisión de moneda, en la Unión Europea cada país se maneja como quiere. Argentina, al ser un espejo -desde el punto de vista empresarial- de algunas políticas de trabajo, también está potenciando muchísimo lo que es el teletrabajo. Ya no sólo por una necesidad del COVID-19, sino también porque no tiene una perspectiva de salida del coronavirus. Por eso es muy importante lo que está haciendo Alberto Fernández ahora de decir “Bueno, paremos un poco la moto y, a pesar de nuestras discrepancias, sentémonos a pensar y organizar lo que va a venir después de esto” aunque algunas caras con las cuales se sienta Alberto Fernández les molestan a algunos.
Hay dos discusiones: tenemos la discusión del poder real que es el económico (que no lo tiene Alberto Fernández) y la discusión del poder como estructura de Estado, que fue debilitado en los últimos cuatro años. Sin contar todo lo que se debilitó la estructura social en el neoliberalismo de los ‘90 con Menem. En ese marco, bajo esa estructura y bajo lo que está pasando a nivel mundial, Argentina no tiene una ejemplificación. No tenemos un marco regulatorio al que copiar. Entonces, esta Ley de Teletrabajo es, para mí, mucho más importante de lo que se está diciendo en los medios de comunicación. Está sentando las bases y está marcando un piso inclaudicable para que todos los sindicatos puedan discutir con las cámaras empresariales mayores derechos sobre un primer lugar que antes no estaba. Es un piso que el mundo no tiene.
Si vemos lo que está pasando en el mundo y vemos cómo se están generando puestos de trabajo precarios, ¿una de las mayores potencias del mundo, entre China y Estados Unidos tienen marcos regulatorios para nuestros trabajadores? Ninguna de las dos.
Ni China tiene marcos seguros para los trabajadores, ni Estados Unidos. Entonces ¿qué ejemplos puede tomar Argentina o en dónde se puede ubicar geopolíticamente si el mundo está totalmente dividido, fragmentado en términos políticos?
Yo creo que la postura de Alberto Fernández para decir “sí, el mundo está globalizado y es un hecho. ¿Cómo hacemos que esta globalización no nos afecte en un mundo que está colapsado?”. En ese contexto aparece el COVID-19, que nos termina de dar el golpe final para decirnos que estamos en una crisis mundial, no solamente en términos sanitarios, sino también en términos ideológicos y entendiendo el dinamismo de la crisis. Tuvimos que cambiar las reglas del juego en el marco de la política internacional y Argentina, en el medio de todo eso, saca una Ley de Teletrabajo. Es para aplaudir. Considero que eso tiene que ver con entender que si estamos esperando una respuesta de afuera, no la íbamos a encontrar.

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