Hoy se cumple un mes desde que el gobierno decretó la cuarentena obligatoria y estamos ante desafíos, beneficios y falencias de la educación online.

Por Agustina Gonzalez

La virtualidad tomó por sorpresa a muchos de nosotros. Si bien hace ya varios años que vivimos en la era de la digitalidad, sigue siendo difícil la idea de aggiornarse a resolver con un click lo que antes era resuelto cara a cara. 

Los docentes trabajan más de la cuenta y los padres y las madres no dan abasto con las tareas de sus hijxs. Ahora bien, llegó la hora de cuestionarnos. 

¿Qué tan preparados estamos para comunicarnos digitalmente? Surgen dos puntos a tener en cuenta: Por un lado la brecha digital. ¿Con qué dispositivos contamos para llevar a cabo nuestras tareas? Porque sí, María Eugenia, los pobres llegan a la universidad y muchos de ellos nunca tuvieron acceso a una computadora. Otros cuentan con celulares pero ¿Qué tan sencillo es estudiar desde este tipo de dispositivos? Leer textos con letras milimétricas no es tan sencillo. A todo esto, no podés subrayar ni pintar la pantalla, pues ¿Cómo tomamos nota de lo más importante ? ¿Lo escribimos en una hoja? ¿Copiamos y pegamos? Para algunos esta tarea es dificilísima y más aún lo es, cuando la habitación de estudio es compartida con otros familiares. Por otro lado, tenemos la falta de costumbre de estudiantes y docentes a manejarse digitalmente. Ardua tarea la de armar una clase online y que se entienda. ¿Y las preguntas? ¿Preguntás lo mismo en un foro de debate que personalmente? Las videoconferencias nos dan muchísimas posibilidades. Pero en ella se cuelan ladridos de perros, gatos que impunemente se sientan en los teclados y ni hablar de aquellos trabajadores esenciales que dan el presente arriba de un tren. 

No obstante, es importante que podamos adaptarnos, en la medida de lo posible, al mundo virtual. ¿Es más práctico? Para muchos sí y para otros claramente no lo es. Por un lado existe una brecha generacional que es totalmente válida. Y por el otro una brecha digital entre los que pueden acceder a dispositivos y a conectividad y los que no. Ahí es donde tiene que estar el Estado, entregando computadoras, como ya se hizo, y como se anunció que se va a volver a hacer. Y también educando para su uso. 

Aún nos quedan días de aislamiento. Días de aprendizaje y no tanto. Adecuarse a la educación digital no es tarea sencilla pero tampoco imposible.  

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