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Por Camila Belén Granella Oliva

El sistema colapsó. Los gobiernos tienen sus agendas cubiertas con el avance del Coronavirus (COVID-19) y algunos, llegaron a instancias tales como la cuarentena obligatoria o “aislamiento social”. Así titulan los medios argentinos, en los que abundan las ¿producciones periodísticas? sobre cómo sobrellevarlo y con consejos para reorganizar este sinfín de tiempo sin tiempo. Lo que no abundan, son notas sobre el fuerte impacto económico que este freno de mano está generando, sobre lo perjudicados que se ven los sectores más vulnerables o, sobre cómo podrían llevar a cabo el aislamiento quienes están en situación de calle.

En las redes sociales pareciera que estamos todxs con teletrabajo asignado. Las imágenes de notebooks rodeadas de mate en la cama, aparentan ser el paisaje de la mayoría, pero de más está decir que no es así. Acto seguido al anunciamiento de las medidas tomadas por Alberto Fernández y su gabinete ante la propagación de esta pandemia, se evidenciaron las situaciones no contempladas por las mismas. Una importante cantidad de empleadorxs obligan a los trabajadorxs a acercarse a sus puestos laborales a pesar de las restricciones en el transporte público, por ejemplo. Esto generó la continuidad de aglomerados de personas que pueden convertirse en focos infecciosos. También, quedaron a la vista los efectos secundarios inmediatos: uno de ellos, el impacto económico. 

Mientras se evita el necesario análisis de los negativos resultados del capitalismo desmedido, puntualmente en relación a lo social, se frena la producción, disminuyen los valores en la Bolsa, lxs trabajadorxs informales se quedan sin sustento y el hambre y la desocupación, aumentan. El aislamiento social es una medida inevitable y correcta ante los efectos del Coronavirus, pero es necesario también que se tomen recaudos acordes a la situación económica y social. Si bien se anunciaron medidas de refuerzo para programas sociales, como los montos de dinero extra para jubiladxs, beneficiarios de la AUH, y el pago de $10.000 a monotributistas, la cantidad de despidos y de licencias obligadas sin goce de sueldo aumentaron masivamente, por lo que muchas familias terminan por endeudarse obligadamente para pagar alquileres y para comprar comida, y no es una situación que se termine a los 10 días, junto con la cuarentena, si es que no se extiende. Por otro lado, el personal de salud trabaja precarizado, arreglándose con los pocos materiales de prevención y cuidado que bajan los municipios. Muchxs deben organizar la compra de insumos de sus propios bolsillos, bolsillos que más que un aplauso, necesitan mejoras salariales y la presencia del Estado. En los últimos días se confirmó el pago de un bono de $30.000 a médicos. Lo cual es importante pero es necesario que este tipo de retribuciones persista aún cuando termine este estado de emergencia. 

El famoso hashtag #quedateencasa demuestra el espacio vacío que hay en el común denominador de nuestra conciencia. No todxs tienen casa. Y el aislamiento social no es posible estando en situación de calle. Como siempre, son las organizaciones independientes quienes relevan estos casos, quienes denuncian estas faltas y quienes exigen que se haga algo al respecto, urgentemente. El Estado debe dejar de hacer la vista gorda. Es necesario que los municipios intervengan lo antes posible y que brinden espacios que cumplan con las condiciones sanitarias requeridas para que las personas que no tienen techo, puedan resguardarse. El último Censo Popular de Personas en Situación de calle (CPPSC) realizado en zona sur revela que hay 1024 potenciales focos de contagio, de los cuales 252 tienen problemas de salud, tales como insuficiencias cardíacas y/o respiratorias. Que la salida de esta pandemia sea entre todxs, también lxs involucra a ellxs. 

Nuestra economía nacional viene de cuatro años de caída libre y, si le sumamos la coyuntura mundial, que ubica a América Latina en la mira de la derecha y el neoliberalismo, nos encontramos con un panorama poco prometedor. Además, la presencia de organismos mundiales tales como el FMI en nuestra tierra, incrementa la imposibilidad de pensar en sistemas de salud pública fortalecidos, y bien abastecidos, y en la toma de medidas que no impacten tan negativamente en la economía. Las principales áreas de recorte durante el Macrismo fueron la salud, la educación y la producción nacional, entre otras. Y, sin dudas, en tres meses de gestión, no hay tinte político que pueda revertirlo. Es indiscutible la necesidad de reforzar, desde el Estado, un acompañamiento a la clase trabajadora y una mejora en la infraestructura de los espacios destinados al cuidado de la salud. Esta última medida debe ser tomada lo antes posible para apalear el crecimiento del Coronavirus en nuestro país y, además, para poder repensar un sistema de salud que sepa contemplar las realidades sociales, económicas y culturales de todos los sectores de nuestro país. 

Salir de esta pandemia es una invitación a replantearnos la necesidad de seguir reclamándole al Estado que tenga presencia a lo largo y lo ancho del territorio argentino. También, a pensar a qué se destina el gasto público y cuáles son sus prioridades. Por otro lado, cabe destacar lo indispensable de anteponer la empatía y el cuidado de lxs otrxs. Nunca nos salvarémos solxs, de ninguna crisis. Esta no es la excepción. Que nuestro compromiso social se fortalezca, depende de nosotrxs. 

   

Un comentario sobre “La pandemia también es económica

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