Por Agustina González.

El enojo de los macristas más exacerbados no se hizo esperar y utilizaron las redes sociales para demostrarlo. En el día de ayer algunos usuarios de Twitter expresaron sus enojos para con el voto de las clases sociales más bajas al Frente de Todos y amenazaron a éstas con no donarles ropa ni alimentos nunca más. Así cruento como suena y como las imágenes muestran.

Con la cuestión de la beneficencia latente, resulta importante abrir un debate que pocas veces se da en torno a la solidaridad.

¿Es la beneficencia un privilegio?

Hace unos meses viajaba en colectivo cuando un hombre de unos 60 años con voz seca y titubeante pidió ser ayudado con una moneda. Dejó la tarjeta con frases de amor en mi falda y siguió con los demás pasajeros. «No te voy a dar nada, porque lo vas a gastar en drogas». Dijo un hombre enojado. Yo también me enojé por lo que había escuchado, pero justo venía mi parada y tenía que aprontarme para bajar. Camine unas cuadras, pase de un lugar a otro, hasta que me encontré al hombre saliendo de una reconocida heladería de Lomas de Zamora con un helado de chocolate en la mano. Inmediatamente recordé la situación y me sentí conmovida. ¿Qué me hizo conmover? ¿La estigmatización? ¿O que el hombre no se haya gastado las monedas que recaudó en drogas y sí en un alimento que está legitimado?

Cuando uno hace beneficencia quiere que el otro responda como si fuese un servil. «Como yo te di a vos algo que vos necesitas, ahora vos tenés que hacer lo que yo quiera» no suena muy bien la frase, algunos dirían hasta que es exagerada. Pero deberíamos preguntarnos si la solidaridad no es más que un «dar» porque yo a cambio recibo un gracias. Y quizás no te di lo que vos necesitabas, pero sí me siento bien por haberte ayudado. Entonces se transforma en una lógica mercantil. «Doy para recibir algo a cambio».

Pero la solidaridad está más legitimada que las políticas públicas. Está bien juntar bolsas de ropa y llevarlas al Chaco. Porque la ropa que sobra ¿Si no se va a usar más, para qué guardarla si podemos ayudar a alguien?. Ahora bien, si el Estado utiliza recursos públicos para que a los chaqueños no les falté ropa está mal. Deberían ser ellos los que se las puedan comprar «sin la ayuda de nadie».

Los macristas no recibieron la reelección de Mauricio Macri. Para peor, recibieron la vuelta de la fuerza política más odiada y más amada a la vez, de los últimos tiempos. Entonces su enojo se transformó en sentimiento de superioridad y en odio. En odio de clase.

aguscg1592@gmail.com

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