«Navegando el Riachuelo» by Nuevo Encuentro is licensed under CC BY-NC-SA 2.0 

Por Gabriel Romanelli

Hoy 18 de octubre se celebra el día de la protección de la naturaleza. Esta conmemoración se lleva a cabo desde 1972 cuando el secretario de la ONU en ese entonces, Kurt Waldheim, tomó de una correspondencia enviada por Juan Domingo Perón palabras que planteaban que el problema se suscitaba en «la marcha suicida que la humanidad ha emprendido a través de la contaminación del medio ambiente y la biosfera, la dilapidación de los recursos naturales, el crecimiento sin freno de la población y la sobreestimación de la tecnología».


Actualmente el cuidado del medioambiente y de la naturaleza propiamente dicha está en la carpeta de todos los Estados y organismos internacionales. Precisamente la ONU ha promovido en su Asamblea General en 2015, la «Agenda 2030» en pos de un mundo más sostenible. En esta se resalta como objetivos la erradicación del hambre y la pobreza, la seguridad alimentaria, el bienestar en términos de salud de las personas, el desarrollo de medidas para contrarrestar el cambio climático, por citar algunos de los 17 puntos planteados.

Los incendios perpetrados en el Amazonas, el mal denominado «pulmón del mundo», la contaminación de los oceanos que año tras año se acidifican cada vez más por la producción a mansalva de dióxido de carbono en el mundo, la megaminería a cielo abierto contaminante, el modelo agrícola basado en agrotóxicos como glifosato, atrazina, 2.4D, imidaclopir, entre otros… La realidad es que las huellas humanas que vamos dejando en nuestro derrotero son nocivas para este planeta. Es necesario un cambio radical que no solo involucre a la responsabilidad individual (acciones tales como el tratamiento de residuos, el cuidado del agua y la reducción del uso de plásticos) sino que existan políticas públicas por parte de los Estados y organizaciones que puedan sumarse a este objetivo. No solo desde una consideración teórica sino con acciones concretas que involucren a los países, a los sectores empresariales e industriales y a las personas en su cotidianidad. No lograremos hacer mucho si la protección por el medioambiente queda restringido a la responsabilidad individual: a la mera utilización de bolsas plásticas, a no arrojar basura y al reciclaje. Se necesita mucho más que eso.


Las últimas imágenes del mundo no son alentadoras, dado que este modelo de producción global basado en el consumo tiene a la naturaleza como obstáculo. La naturaleza dificilmente puede mercantilizarse salvo a expensas de su destrucción. Por esta razón en el país y en el mundo se discuten leyes de semillas, basadas en la modificación genética de semillas naturales que puedan soportar la utilización de agrotóxicos y pesticidas, por citar un caso.


Recordemos que por ahora solo existe un mundo habitable y es este. Ojalá sepamos ser dignos de él en algún momento.

Gabrielromanelli88@gmail.com

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