La vida dentro y fuera de la cárcel. Los alcances y las falencias de un sistema que lejos está de insertar a las pibas y a los pibes en una sociedad que los estigmatiza a diario.

Crédito: Facebook.

Por Agustina Gonzalez

“La libertad es peor que la cárcel cuando afuera no hay nada” dijo Liliana Cabrera de 36 años, morocha de gran sonrisa. Me propuso hablar de sus días en prisión desde otra óptica. Intentó desentrañar lo marketinero y comercial que se ve en la pantalla de una televisión que sólo muestra de estos lugares la corrupción y la violencia. Lili no niega haber pasado situaciones violentas, ni humillantes, pero en su discurso predomina lo que a veces en el exterior falta y hace referencia a la posibilidad de tejer vínculos sociales.

La unidad penitenciaria siempre está lejos, siempre hay que traspasar una autopista, una ruta, o una pared muy alta. Cómo si alejándola hiciera desaparecer a los de adentro. De este lado deambulamos los que de alguna manera nos sentimos libres, del otro, los que son la letra negrita de un expediente. Así Liliana Cabrera se sintió los primeros días que paso en la Unidad III de la Cárcel de mujeres de Ezeiza hoy conocida como unidad IV.

Su ingreso fue en septiembre del año 2006, éste no suele ser un mes frío, ni mucho menos cruento pero Lili no lo recuerda así. “En la cárcel siempre hace frío” dijo envuelta con una campera de lluvia. Se lo atribuye a las paredes húmedas, los techos altos y la carencia de abrigo.

Al poco tiempo de que ingresó, se empezó a gestar una huelga de hambre. Las mujeres pedían arresto domiciliario para las embarazas y para las que tenían hijos menores de cinco años. Liliana no era madre ni estaba embarazada, pero sintió la responsabilidad de unirse al reclamo y ayudar a sus compañeras.

La protesta duró algunos meses. En el año 2008 se sancionó la Ley 26.472 que permite mediante disposición del juez de ejecución o juez competente, el arresto domiciliario para diversas personas, entre ellas: A la mujer embarazada; A la madre de un niño menor de cinco (5) años o de una persona con discapacidad, a su cargo.

Cabe destacar que el tratamiento de la Ley fue posible, gracias al colectivo de mujeres y disidencias “Yo No Fui” que colaboró llevando proyectos y escritos a los diputados y senadores, durante un largo tiempo visibilizando lo que ocurría dentro del penal.

La superpoblación carcelaria no le permitía a Liliana ser parte de los talleres educativos y además los ciclos lectivos ya habían comenzado. Por ese motivo solicitó el cambio de unidad para poder participar en los talleres y así hacer algo. Lili no recibía visitas y sabía que iba a quedarse un tiempo largo.

Su primer cumpleaños dentro del penal fue el 16 de octubre de 2006. Sus compañeras le hicieron una torta y recuerda haberla partido en muchísimos pedazos “Nos tocó unas migas a cada una” dijo sonriente y aclaró “Yo no podía creer que alguien me haya donado tres huevos a mí”.

Los días, las horas, la rutina, las paredes, el sol de afuera y las sombras de adentro. El tiempo que ya no le pertenece, el llamado que nunca llega, la soledad que acobija, y el frío que nunca cesa. Hay algo que Liliana aprendió a hacer rápido: matar el tiempo con la escritura.

Su primer vínculo con la literatura fue en un aula, no había más de diez libros, entre ellos Siddharta de Hermann Hesse, no estaba convencida. Pero lo leyó igual. Como recién ingresaba no la dejaban ir a la biblioteca, temían que pronto salga y se robe los libros, cuenta y ríe.

Cuando al fin su pedido de cambio de unidad se hizo efectivo, Liliana empezó a asistir a los talleres, pudo estudiar y también tener un trabajo. Esa fue si idea inicial, que tarde o temprano se hizo posible.

En la unidad 31 participó de diversos talleres de periodismo, fotografía estenopeica y poesía que brindaba María Medrano, fundadora del colectivo Yo No Fui. La literatura fue una excusa para poder compartir mates y charlas. No pensaba que iba a convertirse en poeta ni mucho menos que iba a perder ese tartamudeo que no la dejaba expresarse. Empezó a escribir sus experiencias dentro del penal, pero le pedía a sus compañeras que lean sus escritos porque le avergonzaba. Pero pudo soltarse. La escritura la mantuvo viva, expectante y ocupada.

Uno de los disparadores que le pedían a Liliana para escribir era contar como se sentía en el espacio «En la cárcel te acostumbras a escribir aunque haya ruido” expresó.

Escribió tres libros, el primero, Obligado Tic Tac en el año 2010, Bancame y punto en el 2011 y el último Tu nombre escrito en Tinta China en 2012. Junto al segundo libro recibió una propuesta de una editorial neuquina y la llamó Bancame y Punto. Ahí empezó la odisea. Explicarle al juez la necesidad de ingresar una computadora y una impresora, que le donaron, para poder editar los libros. Después de toda la burocracia que eso implicó fue posible.

En la cárcel Liliana pasó por distintos estadíos, piensa que el sistema te hace creer que sos simplemente un número. Pero pudo encontrarse. Conoció personas e hizo amistades que aún conserva. Si no fuese por ellas, no hubiese reconocido muchos de sus derechos. Su padre estaba detenido en Marcos Paz, y gracias a una de sus compañeras, descubrió que podía pedir la visita de penal a penal. Así fue como empezó a visitarlo. Pero los tratos en el traslado no eran los mejores. Solían dejarla dentro del camión horas y horas. Lo que tiene latente de sus ocho años presa es el cruento frío.

A fines del año 2013 le conceden la libertad condicional. El miedo la desborda, del otro lado de las rejas no sabe qué puede encontrar o quizá si lo sabe, por eso se niega. María Medrano le pidió que la acepte, “Afuera te espera Yo no Fui” le dijo. Este colectivo nació en el año 2002, la fundadora trabajaba como escribiente en un juzgado de Comodoro Py. Un día se encontró con una chica que llegó al Aeropuerto engañada por su novio desde Bielorussia, traía drogas consigo y la llevaron detenida. No hablaba español y tampoco encontraban traductor. Lo que más le impactó fue su vestimenta, pleno invierno en Argentina, ella vestía como si fuese verano.

María escribía poesía y tras un premio que ganó en La Casa de La Poesía le ofrecieron dar clases en un penal o en un hospital psiquiátrico, ella eligió el penal.

La organización sigue funcionando, cada vez son más las mujeres que se suman, dentro y fuera de la cárcel, luego de recuperar la libertad. Además de brindar contención y acompañamiento dan talleres artísticos, y productivos, porque saben que del arte es muy difícil vivir. El nombre surgió gracias a una compañera del espacio “Porque no le ponemos Yo No Fui, si es lo que decimos cada vez que caemos”.

Liliana, hoy ya insertada en la sociedad, piensa en lo difícil que es para las personas que no cuentan con ningún apoyo salir en libertad. Porque la cárcel no hace más que reproducir odio y carencias y lejos está de insertar a las personas en la sociedad. A pesar de sentir que el sistema intento destruirla sacándole todas sus subjetividades, reduciéndola a ser un simple apellido. Se dio cuenta que también era una persona, con derechos y entendió que la cárcel ineludiblemente forma parte de la sociedad.

Recuperar la libertad, con todo lo que eso conlleva, Lili afirma que a veces es peor que caer preso. El miedo y las angustias no le duraron mucho tiempo más. Este afuera no tuvo nada que ver con el afuera de esa mujer de 26 años que en el pasado dejó. Al mes de su libertad, volvió a la cárcel, pero como docente de poesía.

Yo fui

Todo lo que se me imputa

Y también las razones

Que no conoces.

Fui cardo

Piedra en tu zapato

Corona de espinas

Lanza en tu costado

Fantasma que rondaba

La ciudad

Sin huellas que lo identifiquen

Pero también algo más

Que las letras en negrita

De un expediente

Aunque no lo sepas.

O ni siquiera lo imagines.

Yo fui

He sido

Ya no seré.

Este poema pertenece al libro Bancame y punto.

Este poema es uno de los que más le gusta. Ya no tartamudea y ríe sin vergüenza. Piensa en retomar la carrera de abogacía que empezó en la cárcel. Sonríe y cuenta haber cursado materias del CBC de otras carreras, porque a veces no enviaban docente para las que ella necesitaba. Siempre por el hecho de hacer algo, de no quedarse estancada. Le pregunté si cree en la justicia, no tiene muy clara la respuesta, sólo cree que ésta es patriarcal y que se necesita feminismo en los juzgados.

Liliana en la cárcel fue alguien para alguien. Habla de la sororidad, aunque aclara que en esa época no conocía la palabra, ni la usaba. Pero tejió lazos con sus compañeras mujeres, no binarias y disidentes. Con extranjeras, con madres, solteras, con pibas, con viejas. Y algo en común encontró, ese miedo incesante a la vida por fuera del penal.

“La libertad son las oportunidades” dijo Liliana. Concuerdo con esa mirada. Sobre todo porque sin ellas, en un mundo de desigualdades es muy difícil vivir. Y creo que los que estamos afuera del muro podemos hacer algo mejor, para que ningún pibe ni ninguna piba sienta que del otro lado se vive mejor. O Sienta que dentro de una prisión tiene el colchón, el techo húmedo y el plato de comida podrida que afuera no tendrá jamás. Se siguen creando cárceles, lugares para vigilar y castigar, para seguir humillando, y denigrando gente en un mundo donde la propiedad privada importa más que la vida. “Yo ya pague con mi libertad, pero si hubiese tenido otras oportunidades, yo no sé si hubiese terminado como termine”dijo Liliana. Pero siempre caen los mismos. Las y los desprotegidos. Los que nadie escucha porque no tienen voz, aunque griten en los trenes, aunque griten muy muy alto. Si sus vidas no valen nada para nadie porque pensar que tienen que hacer valer la de los demás.

Si no es el Estado, que existan más organizaciones como Yo no Fui. Si no es el Estado ni Yo No Fui que sean más individualidades o colectivos que hagan algo. Pero de verdad, hagamos algo.

aguscg1592@gmail.com

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